También crecieron las cifras de premios, un 33% hasta los 2.559 millones de euros, y las cifras de depósitos, que se dispararon casi un 40% hasta alcanzar los 271 millones de euros. De hecho, todos los principales indicadores crecieron en un porcentaje superior al 30% respecto a los primeros tres meses del año 2015.
De ellos, el que mejor refleja la macha de la industria es el conocido como GGR, o Gross Gaming Revenue. En esencia es el resultado de restar los premios entregados, los bonos y las promociones a las cantidades que se han jugado. Esta cifra aumentó un 32% en el primer trimestre de este ejercicio hasta superar los 102 millones de euros.
Las apuestas siguen dominando
Por modalidades, las grandes protagonistas siguen siendo las apuestas. Con una popularidad que sigue aumentando trimestre a trimestre, esta variante de juego generó por sí sola 1.330 millones de euros, una cifra un 33% superior a los poco más de 1.000 millones registrados por este concepto en el mismo periodo del ejercicio anterior.
Cabe destacar dentro de las apuestas la nueva modalidad que entró en el mercado español en este primer trimestre de 2016: las apuestas cruzadas entre usuarios. En esta modalidad la casa simplemente hace de intermediario y son los jugadores los que deciden aceptar u ofrecer una cuota en cualquier evento. Esta variante ha generado poco más de 20 millones de euros.
También aumentan significativamente los datos del bingo en la red, que crece un 10% hasta los 18,8 millones, y del casino, que se dispara un espectacular 90% hasta rozar los 900 millones de euros. Dentro de los juegos de casino, los más populares siguen siendo el BlackJack y la ruleta, en los que los españoles gastaron 174 y 477 millones de euros respectivamente.
El número de usuarios también sufrió un fuerte aumento, siempre según las cifras que maneja la Dirección General de Ordenación del Juego. Los usuarios activos crecieron un 40% respecto al año pasado hasta alcanzar los 550.452 mensuales, mientras que los nuevos registros superaron los 581.000.
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Aunque ni la OMS ni los ministerios de los diferentes países no han reconocido, de momento, la adicción a internet en los sistemas de clasificación de enfermedades mentales, cada vez hay más personas que buscan tratamiento psicológico porque tienen la percepción de perder el control ante su teléfono y se sienten «enganchados». En este sentido Armayones deja claro que no son las nuevas tecnologías las que «enganchan» sino las personas que, en función de su estado emocional, pueden hacer un uso abusivo de ellas. Cuando se llega a este punto, añade, son los especialistas los que tienen que determinar qué orientaciones hay que dar para solucionarlo.
—FoMO (fear of missing out) es el miedo a perdernos algo de lo que está pasando en las redes sociales relacionado con las personas a las cuales se sigue. La persona tiene la necesidad, casi compulsiva, de entrar continuamente en páginas como Facebook o Instagram. Según el psicólogo de la Universidad de Essex Andrew Przybylski y su equipo, que hace años que investigan esta psicopaTIClogía, es más frecuente en adolescentes y jóvenes y, sobre todo, entre los hombres. Quien la sufre, además, tiene un bajo nivel de satisfacción con la vida. «Las personas con más necesidades sociales insatisfechas son las que más consultan las redes sociales», asegura Armayones. El problema es que en lugar de sentirse bien después de haber pasado un rato en Facebook, acaban con una sensación de tristeza.
En este sentido, un estudio publicado en el Journal of Social and Clinical Psychology concluye que, después de salir de esta red social el estado anímico de la persona es depresivo (que no quiere decir que cause depresión) y que cuanto más tiempo pasa conectada a Facebook, más se acentúa este estado. ¿Cómo se puede evitar? Armayones recuerda que son los usuarios de las redes sociales los que tienen su control, o al menos, mucho más de lo que se piensan. «Somos nosotros los que compartimos nuestra vida personal y por lo tanto dejando de hacerlo se acabaría el problema», explica. Ahora bien: como esta solución es casi inviable, el psicólogo recomienda evitar cometer errores a la hora de interpretar lo que se ve en las redes sociales.
—La nomofobia es la fobia a no tener el móvil a mano. «Hay gente que se lo lleva al lavabo, lo lleva en la ropa de estar por casa mientras hace limpieza o lo tiene en la cocina por si le llaman», ejemplifica Armayones. La nomofobia se manifiesta en dos variantes: la fobia a no tener el móvil cerca y el miedo a que se acabe la batería antes de llegar a casa; en esta segunda también se incluiría no tener cobertura. Una de las soluciones para evitarlo es, según el experto, exponerse a situaciones en que no se lleve el móvil encima, como por ejemplo ir a comprar, o llevarlo sin batería. «En esos momentos te das cuenta de que no somos imprescindibles y de que el mundo continúa girando sin que nosotros estemos conectados», deja claro. Otra vía es apagar el móvil por la noche. «La única conexión que no puede fallar es con nosotros mismos y para eso no necesitamos dispositivos, la batería nos dura toda la vida y la cobertura es buena», apunta con ironía el psicólogo.
—La vibración fantasma, también conocida como llamada fantasma, es la sensación de que el móvil vibra o suena cuando en realidad no lo hace. «Son situaciones habituales en una sociedad que tiende a mantenernos hipervigilantes», explica Armayones. Esta hipervigilancia continua puede generar, sin embargo, ansiedad o desgaste emocional. Para evitarlo lo único que tiene que tener claro la persona es que con las veces que utiliza el móvil a lo largo del día ?ciento cincuenta veces de media? es difícil perderse algún aviso. «Si lo que nos preocupa es la llamada fantasma, la solución más sencilla es apagar el móvil», dice.
—Mente erráTICa es saltar de web a web, pasar de un contenido a otro con los hipervínculos para encontrar la mejor información, la mejor oferta, el mejor producto... Produce una insatisfacción crónica porque la persona se pasa la vida buscando siempre algo mejor. «Nos puede llevar a una situación de ansiedad y saturación mental y acabar con la sensación de que hemos perdido miserablemente el tiempo», explica Armayones. La estrategia para evitar esta psicopaTIClogía es controlar el tiempo que se dedica a buscar información y anotar lo que se encuentra en una libreta para ser conscientes de si avanza o no la recogida de información. «Cuando tenemos un volumen importante de información se tiene que parar la investigación», dice Armayones. Otra vía para superar la mente erráTICa es descargar y guardar los documentos más interesantes en el ordenador, apagar el router y leer las webs descargadas. «En la red podemos encontrar información infinita, pero nuestro tiempo, energía y paciencia son bastante finitos», apunta el experto.
—El efecto Google es utilizar el buscador como una extensión de nuestra memoria para recordar por ejemplo el teléfono de algún familiar o una hora en el médico. Algunos expertos defienden que está afectando a la memoria de las personas porque cada vez se necesita traspasar menos información desde la memoria a corto plazo a la de largo plazo. ¿Cómo se puede evitar? Según Armayones, lo que habría que preguntar es si se puede evitar. «Entre los expertos hay diversidad de opiniones: hay quien asegura que Google seca el cerebro y otros que defienden que las TIC son imparables y podrían incluso conectar nuestro cerebro a internet», explica. Para él hay que continuar investigando sobre los pros y los contras de tener en el ordenador o en el teléfono móvil mucha de la información que antes guardábamos en el cerebro. «Lejos de ser un problema, es un recurso de gran ayuda, que nos permite dedicar nuestros esfuerzos intelectuales a otro tipo de retos», añade.