"En 2009 empezó a aparecer algún caso de adictos a las apuestas", dice la psicóloga Bayta Díaz. "Para 2017 eran el 43% de los casos que atendemos".
Hasta no hace tanto, esos locales fueron tiendas de barrio. De 2008 a 2017 se registró un crecimiento del 29% en el número de salones de juego (y un aumento del negocio del 10%), producido por una reconversión del sector debida a la crisis. Ahora, más de tres millones de personas visitan anualmente los 3.150 salones que se reparten por el país, gestionados por una veintena de cadenas. En 2012 se concedieron las primeras autorizaciones de juego online. Y ya existen 52 empresas con licencia, 833.525 cuentas activas cada mes y 1.465.129 jugadores. Con este panorama, la situación ha dado un vuelco. Y no hablamos de la disposición de los negocios en las calles, sino del agravamiento de la ludopatía, espoleado por las apuestas deportivas, permitidas desde 2008. “Desde hace cuatro años es una epidemia brutal, estamos desbordados”, asegura Julio Abad, psicólogo de la fundación Patim, dedicada a la prevención y tratamiento de adicciones en Valencia y Castellón. “A partir de 2009-2010 empezó a aparecer algún caso esporádico de adictos a las apuestas”, agrega Bayta Díaz, de la asociación madrileña Apal. “Y para 2017 ya eran un 43% de los casos nuevos que atendemos”.
Reconocida como una enfermedad dentro de los trastornos de los hábitos y del control de los impulsos por la Organización Mundial de la Salud, la ludopatía se desencadena sin sustancia, a diferencia de la adicción al alcohol o las drogas. Pero es igualmente capaz de conducir a la deuda y hasta a la ruina. A la mentira y al robo. A la destrucción de las relaciones personales y al aislamiento. Incluso a la cárcel y, en último extremo, a la muerte. Para este reportaje han aportado su testimonio anónimo una persona que se autolesionaba y otra que intentó suicidarse.
Más de 309.000 individuos, el 0,9% de la población de entre 18 y 75 años (tramo de edad que se aplicará a todos los datos poblacionales), sufren adicción al juego, según la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados. La tasa es menor de acuerdo con un estudio de la empresa Codere y la Universidad Carlos III (Percepción social sobre el juego de azar en España 2018): entre el 0,5% y el 0,7% de la población, segmento en el que los inmigrantes jóvenes pueden representar entre el 25% y el 33%. Esta enfermedad no es nueva: el juego privado (casinos, bingos) se legalizó en 1977; los salones de juego y las tragaperras —de las que hay 200.000 en España—, a principios de los ochenta. Fue en esa década cuando empezaron a tratarse los primeros ludópatas. Con la expansión de las apuestas y el juego online se ha modificado el perfil del paciente. “Cada vez llegan más jóvenes, más endeudados, y desarrollan un comportamiento patológico con más rapidez: a veces en cuestión de meses”, ilustra Díaz.
Roberto Fontaneda vive en Alar del Rey, localidad palentina de mil habitantes. Tiene 20 años y cara de niño pese a su tamaño y su voz grave. Empezó a jugar al filo de la mayoría de edad y en “año y medio o dos años” ya mostraba una conducta problemática. Su caso es paradigmático de la actual hornada de ludópatas. “La primera vez que me jugué dinero fue a las chapas”, recuerda. Cuando inauguraron un salón de juego en la cercana Aguilar de Campoo (7.000 habitantes), se animó a pasarse con sus amigos “para echar unas risas y tomar unas cervezas”. En estos locales, la bebida y la comida son llamativamente baratas. Hay desayunos por dos euros. Y copas a cuatro. “El primer día ganamos, y creo que ese fue el detonante porque te engañas y dices: ‘Voy a volver”.
Frente a la simplicidad de las quinielas, las apuestas deportivas se rodean de un aura de complejidad. Es posible arriesgar dinero a decenas de partidos en vivo o por disputar. Durante el encuentro se puede intentar adivinar algún desenlace, como qué jugador va a recibir una tarjeta. Además, se permite realizar apuestas combinadas. Hay 30 o 40 deportes y ligas donde elegir, masculinos y femeninos. Fútbol y baloncesto son los más populares, pero se oferta desde el surf hasta los e-sports. Y no solo cabe apostar en encuentros disputados en España: la selección de países es tan amplia (sobre todo en fútbol) que abarca desde Botsuana hasta Omán. “Otro problema es que en Internet no hay horarios ni distancias”, agrega Abad. “Y la publicidad normaliza el juego porque crea estereotipos positivos”.
Fontaneda participa semanalmente en la terapia de grupo de la asociación burgalesa Abaj. Acude acompañado de su madre, pues los familiares también padecen las consecuencias. Para este joven, su obsesión se llamaba ruleta. Como ocurre con las apuestas deportivas, que muchas veces se realizan al calor del directo, se trata de un juego de “respuesta rápida”: se puede ganar o perder en cuestión de un momento, cualidad clave para la aceleración de los síntomas de la ludopatía. En las apuestas confluyen además nociones como el “sesgo de conocimiento”: la creencia de que se puede vencer a la suerte con lo que se sabe de fútbol o baloncesto. Pedro (nombre ficticio), de 39 años, recibe terapia en Patim. Es licenciado en Ciencias del Deporte. Tras dejar las apuestas por un tiempo, decidió jugarse un euro en una cena. “Recaí de forma brutal: gasté todos mis recursos, los familiares, los de mi empresa”. Cuando tocó fondo, había acumulado una deuda de 100.000 euros de su salario y préstamos de allegados y bancos. En despachos de abogados como el madrileño ActivaT refieren casos de menores que generan deudas de juego a través de compañías de microcréditos. J. A., que llegó a malgastar 200.000 euros, habla de “mafias de usureros”. “Se pasean por el salón, ven el problema que tienes y se ofrecen a dejarte dinero. Luego te tienen controlado”.
Al pensar en publicidad de juego, quizá venga a la mente un spot especialmente taladrante. “Vive, vive, vive. Apuesta, apuesta, apuesta”. Solo es uno de tantos: en 2018, InfoAdex contabilizó 334.688 inserciones en radio, televisión, prensa y cine. El 48% fueron de loterías y el 39% de apuestas. Existe un código de conducta para la promoción del juego en línea supervisado por Autocontrol, pero no es de obligado cumplimiento. Hace poco, no obstante, el organismo impuso una sanción a 888, la casa que se promociona a base de imperativos, ya que infringía la norma de no reflejar “una actitud compulsiva”. Protagonizado por un ejército de héroes deportivos y televisivos, el sector reconoce este hostigamiento mediático como un elemento pernicioso para su imagen. “El reglamento de publicidad aún no ha salido, y eso nos ha hecho daño”, lamenta Alejandro Landaluce, director de Cejuego, patronal que aglutina a empresas como Cirsa, Luckia o Codere. “Pero si ahora se puede poner publicidad en todos los partidos, yo lo voy a hacer porque si no lo hará mi competencia”.
El perfil sociológico de los clientes de salones de juego es eminentemente masculino (64,2%) y joven (el 68% son menores de 34 años), cifras que fluctúan en el caso de usuarios de apuestas deportivas: el 88% son hombres y el 55,9% son menores de 34. “Los hombres suelen buscar el dinero y la excitación, mientras que las mujeres juegan por soledad”, ilustra Sandra Cuevas, psicóloga de Ajupareva, en Valladolid. En esta asociación, un 9,6% de los ludópatas son las. En alguna terapia, los varones han recriminado a las mujeres que dejaran solos a sus hijos cuando iban al bingo. Visto el estigma, aquí han establecido un grupo de terapia femenino al que acuden entre seis y ocho pacientes. De las 17 que se tratan en esta asociación, una es adicta a las apuestas y dos al juego online. Las demás responden a un perfil clásico del ludópata. María Jesús se enganchó a las tragaperras. Miriam, al bingo. Lo mismo que Mercedes, quien, para intentar recuperar lo que perdía con los cartones, jugaba a los rascas de la ONCE.
Un 45% de la industria del juego está copada por el sector público (loterías, ONCE). El resto del pastel corresponde a la empresa privada, tanto en su modalidad presencial como en Internet. La parte virtual, legalizada en 2011, la supervisa Hacienda a través de la Dirección General de Ordenación del Juego. Desde 2018, los operadores en Internet pueden tributar de manera reducida en Ceuta y Melilla, y varios ya han trasladado allí sus sedes. La vertiente física, del otro lado, es de competencia autonómica. De ahí que, dependiendo de dónde nos encontremos, podremos ver máquinas de apuestas en bares (Galicia, Valencia); un montón de estos negocios acumulados en una sola zona (a diferencia, por ejemplo, de Cataluña, donde debe haber una distancia de 1.000 metros entre ellos); regiones donde está prohibida la publicidad de apuestas en espacios deportivos (Aragón) o en las televisiones y radio autonómicas, como Madrid, cuya regulación se ha endurecido en abril con un decreto que establece multas de 9.000 euros y cierre temporal por la presencia de menores en salas de juego, y se suma a otras 14 comunidades en marcar distancias entre estos negocios y los colegios o institutos. Hasta la aprobación del nuevo decreto, uno de cada cuatro centros de bachillerato y FP de Madrid se encontraba a menos de 150 metros de un salón de juego.
Asociaciones de vecinos y de padres de alumnos empezaron a lanzar señales de alarma hace un par de años. La industria asegura no ver justificación. “Hay una percepción muy superior a la realidad”, dice Landaluce, “y una de las causas es la publicidad, que estamos de acuerdo en regular, pero no prohibir”. En países como Italia o en la Comunidad de Madrid ya está vetada. En el ámbito estatal, en España se anuncia el juego online, pero no así el presencial, cuya promoción está restringida o prohibida por las comunidades. En su programa electoral, Podemos propone hacer desaparecer toda publicidad, así como limitar los horarios de apertura de los locales.
Frente a las loterías o la ONCE, el sector privado se considera maltratado. “Esta es una actividad totalmente regulada y nos preocupa que se nos trate con diferente rasero. Si el juego público hace promoción con niños cantando la lotería e incluso tienen un sorteo del Niño, nadie se escandaliza”, protesta José González, presidente de Luckia. Su mención a los menores no es baladí: una parte importante del malestar que genera la industria proviene de la falta de medidas estrictas para impedir el acceso al juego por parte de los más jóvenes. Para entrar a un casino o bingo se solicita identificación. A un salón se pasa libremente. En el interior se pide la documentación para hacer apuestas: al mostrar el carné, se entrega un código PIN para activar la terminal. Pero esto no ocurre con la ruleta o las tragamonedas. La policía está intensificando su control, pero no hace falta pasar demasiado tiempo ante un salón para percatarse de la presencia de adolescentes. A veces estos le dan a un mayor de edad el dinero para que realice las apuestas. También recurren a documentos de identidad falsos o ajenos. O reutilizan el tique del PIN de alguien que lo haya tirado. Todas tretas que se reproducen entre los autoprohibidos: ludópatas que tratan de frenar su problema inscribiéndose en el Registro General de Interdicciones de Acceso al Juego, una lista negra para que les impidan el acceso a establecimientos y webs. En 2017 había 41.117 registrados, 10.000 más que en 2012.
Más allá de menores y autoprohibidos, otro colectivo que los necesita es el de los ganadores, ya que muchas casas de apuestas los vetan. Uno de los más destacados de España se llama Gonzalo Arroyo, burgalés de 34 años que ejerce de tipster. Esto es, pronostica apuestas profesionalmente. Estudia a los jugadores, los partidos, sus estadísticas y demás contingencias. Y ofrece sus predicciones en paquetes mensuales de entre 150 y 600 euros, dependiendo de la exclusividad de sus servicios. Él mismo realiza esas apuestas en varias páginas a la vez. A pesar de que muchas empresas prohíben o limitan a los ganadores para que solo puedan apostar pequeñas sumas, existen subterfugios. Por ejemplo, hay sitios web extranjeros que no ponen restricciones a quién o cuánto apuesta.
El de tipster es un trabajo a tiempo completo. Exige estar colgado del móvil o el ordenador porque la mayoría de apuestas se llevan a cabo en directo. Arroyo, formado como ingeniero, se introdujo en este mundo mientras preparaba currículos en 2012. “Al principio apostaba al tenis profesional, pero de repente vi que había gente que apostaba por otro tipo de tenistas que yo no conocía. Era el tenis de menor categoría, el ITF”, recuerda. “Entonces empecé a analizar las páginas que recopilan estadísticas y a hacer mis propias apuestas y compartirlas. ¿Por qué el ITF? Porque en este mercado se genera dinero. En el tenis profesional está todo muy ajustado: es muy difícil ganar a largo plazo, las casas de apuestas no pierden. Pero aquí, al ser tenistas desconocidos, a los analistas de las casas les costaba ajustar las cuotas. Aunque han ido mejorando”.
Al principio, Arroyo publicaba sus pronósticos en redes sociales gratuitamente. Poco a poco fue ganando fama. Y dinero. En 2014 creó BetStyle, una plataforma de pronosticadores, con un par de socios. Desde que comenzó, ha cerrado todos los meses en positivo, con una rentabilidad media del 34%. Tiene las ideas muy claras: “No quiero que mis clientes lo vean como apostar, sino como una inversión en apuestas. Para mí es algo muy serio. Pero hay personas que ensucian este trabajo”. No se refiere solo a los falsos pronosticadores, sino a los amaños: “Muchos tenistas que participan en los torneos ITF no ganan ningún premio, así que hay gente que les ofrece dinero para manipular el resultado. Algunos deportistas se ofrecen a ello”.
En las casas de apuestas, cada vez más profesionales desempeñan una labor parecida a la de Arroyo. Solo que con otro nombre: traders. En Codere tienen contratados a una veintena. Su oficina se despliega en una sala doble revestida de pantallas. Como una especie de Bolsa de valores deportiva. Estos profesionales viven con un ojo en sus ordenadores y otro en los partidos. Provenientes de carreras relacionadas con las matemáticas y apasionados del deporte, el grupo está liderado por el británico Peter Lucas: “Analizamos la expectativa de goles, la supremacía de un equipo u otro, e introducimos los parámetros en un modelo de distribución de Poisson: así convertimos los datos en una probabilidad del número de goles que va a marcar cada equipo”, ilustra. “De ahí se pueden derivar un montón de mercados y cuotas: quién va a ganar, qué marcador, número de goles en el primer o segundo tiempo…”.
Llegado de la compañía inglesa William Hill, el ejecutivo ha participado en el proceso de nacimiento y desarrollo de las apuestas en España. “Cuando empezamos, en 2008, trabajábamos con gente mirando el partido y cambiando las cuotas manualmente. Solo ofrecíamos 50 partidos cada semana con tres o cuatro mercados distintos en cada partido porque es imposible controlar más sin tecnología”, recuerda Lucas. Poco después del desembarco del directivo llegaron los canales de deportes 24 horas, las plataformas en línea fiables, las cuotas dinámicas, el uso extendido de smartphones y tabletas… Y el negocio se propulsó. Se trata de la parte más innovadora de una industria en plena efervescencia. Un negocio que unos desean ver desaparecer y otros buscan que madure y crezca. “Queremos que los clientes se queden con nosotros años y años”, dice Lucas. “Mucha gente no lo cree, pero restringimos la actividad si detectamos que alguien no está pensando, si está demasiado involucrado en el juego”.
Read more: Publicidad invasiva y copas baratas, las ‘trampas’ de los salones de juego
El PSOE, que ya ha divulgado su programa electoral, incluye una mención a la necesidad de regular la publicidad de juegos de azar y las apuestas por Internet. En el programa de las próximas elecciones generales, que presentará completo en los próximos días, Podemos trata de retomar el liderazgo sobre una iniciativa que atribuye a su partido y que va un paso más allá de lo esbozado hasta ahora. Sus propuestas obligan a colocar en la puerta de estos negocios un cartel de advertencia sobre el riesgo de ludopatía. También se limita la proximidad a centros educativos para evitar que los jóvenes los frecuenten con facilidad y se fija un tope al tiempo de apuestas y al gasto diario y mensual. En la Comunidad de Madrid, el Ejecutivo regional ha aprobado instalar un control físico a la entrada de las casas de apuestas que impida el acceso de menores y de los adultos apuntados a las listas de autoexclusión.
De aplicarse, las medidas que defiende Podemos harían muy difícil la supervivencia de estos negocios, que se han multiplicado en los últimos años. En España hay una media de 6,63 salones de juego por cada 100.000 habitantes (en algunas comunidades llegan a 22,10), según datos de la Consejería de Economía de Madrid. Para los negocios que sobrevivan, la formación que lidera Iglesias aboga por elevar los impuestos. De esa manera, al menos parte de la recaudación se destinaría a la prevención de la ludopatía.
Read more: El juego entra en campaña electoral: propuesta de Podemos
Dicho esto, Binde añade que “está claro” que la publicidad funciona, “en el sentido de que el dinero que una compañía invierte en publicidad normalmente se convierte en mayores ventas, o al menos en mantener las ventas a un nivel determinado”.
Cada anuncio está pensado como un estímulo que nos atraiga hacia el juego, y puesto que las compañías de apuestas venden todas prácticamente el mismo producto, lo que intentan cada una de ellas con sus anuncios, continúa Binde, es crear lo que llama una “propuesta de juego única” (USP por sus siglas en inglés). “El abanico de USP proporciona un amplio rango de motivos para apostar, que potencialmente apelan a una gran variedad de gente“.
Según el investigador, los efectos de esa publicidad son distintos dependiendo de la madurez del mercado. En un mercado maduro poca gente nueva empieza a jugar y las propuestas para hacerlo se mantienen estables en el tiempo. Este tipo de mercados eran los que existían cuando la mayoría de las opciones de juego eran presenciales (tragaperras o hipódromos) o controladas por el Estado (loterías, quinielas, primitivas…). En estos mercados la publicidad se refiere a juegos relativamente inofensivos (la lotería de Navidad, por ejemplo) mientras que los problemas de juego están causados por opciones con poca publicidad (las tragaperras).
Cuando comienzan a aparecer nuevas formas de juego o de acceso al juego, como las apuestas online, estamos ante un mercado inmaduro. Gente que nunca había apostado empieza a hacerlo, el mercado está creciendo y la publicidad busca acelerar el proceso. “Las empresas de juego gastan mucho dinero en promocionarse y compiten intensamente porque así atraen a nuevos clientes”, explica Binde. Se ofrecen bonos y ofertas especiales, y se bombardea con mensajes y notificaciones.
En estos mercados, la relación entre problemas de juego y publicidad del juego es mucho más probable porque la publicidad contribuye a que la gente empiece a participar en estos juegos. “Es imposible decir si una persona que empezó a apostar online debido a una oferta en concreto que vio en un anuncio de la televisión no habría empezado a jugar igualmente más tarde, por ejemplo por recomendación de un amigo”, explica el experto.
Pero, insiste, la publicidad acelera mucho estos procesos. “Esto significa que el número de jugadores problemáticos, especialmente los que tienen problemas con este tipo de juegos de alto riesgo, como las apuestas deportivas, aumenta más rápido de lo que lo haría si no hubiese publicidad”, aunque reconoce que es un efecto difícil de medir.
Además de acelerar el aumento de personas que desarrollan problemas de ludopatía, la publicidad de las apuestas es especialmente peligrosas para dos colectivos en concreto: por un lado las personas que ya tienen problemas con el juego o los han tenido en el pasado e intentan mantenerse alejadas, y por otro, los jóvenes.
Sobre los primeros, Binde es coautor de un reciente estudio publicado en elJournal of Gambling Studies que concluye que si bien poca gente reconoce en sí misma un efecto negativo de la publicidad de las apuestas, entre los que lo hacen están sobrerrepresentadas las personas con problemas de juego previos, que conciben esta publicidad como un boicoteo de sus esfuerzos por reducir o dejar de apostar.
En el informe Gambling advertising: A critical research review se recoge también el impacto de este tipo de anuncios en las personas que ya tienen un problema con el juego. Según sus resultados, comparados con otros jugadores las personas con ludopatía aseguran que la publicidad de juego es un mayor estímulo para jugar, una mayor influencia para terminar gastando más de lo previsto y un mayor respaldo para pensar que pueden ganar.
Otro estudio coincide en esas conclusiones: para los jugadores con problemas de adicción, estos anuncios son un recordatorio de su adicción que les desencadenan la ansiedad por jugar o les inducen a jugar y que menoscaban sus intentos por moderar sus hábitos de juego.
En cuanto a los segundos, los datos sugieren que los jóvenes están especialmente expuestos a este tipo de publicidad y que “el principal mensaje que les llega es que ganar es fácil, las posibilidades de ganar son altas y que jugar es una forma sencilla de hacerse rico”, concluía este estudio publicado en el International Journal of Mental Health and Addiction. Aunque la mayoría de los jóvenes descarta esos mensajes y conoce los riesgos del juego, muchos también reconocen que esos mensajes les estimulan a experimentar con el juego.
Forman parte de un grupo que se siente especialmente expuesto a este tipo de anuncios. Los resultados de un estudio publicado en la revista International Gambling Studies recogían que la mayoría de las mujeres y los hombres mayores sienten que resisten activamente las estrategias publicitarias de las compañías de apuestas, mientras que las mujeres mayores, los hombres jóvenes, los jugadores en riesgo moderado y alto de desarrollar problemas con las apuestas y los jugadores de situación socioeconómica baja se ven especialmente influenciados por los incentivos para jugar de la publicidad.
Existe una preocupación especial (y lógica) en lo que se refiere a los niños, que legalmente aun no pueden participar en actividades de juego y de apuestas deportivas, pero que ya están creciendo expuestos a su publicidad, una publicidad que además evoca ambientes que les resultan familiares, como el hecho de ver un partido de fútbol y animar a sus equipos desde casa. Un experimento realizado en Australia en 2015 comprobó que el 77% de los niños entre 5 y 12 años asocian sus equipos deportivos favoritos con las marcas que los patrocinan, incluidas casas de apuestas. Muchos los asociaban con esas casas de apuestas también aunque no fuesen la principal marca expuesta en las camisetas de su equipo.
En conclusión, por lo que la literatura científica recoge hasta ahora, parece que la publicidad sobre las apuestas no tiene una relación directa evidente con un mayor número de personas con problemas de ludopatía, si bien sí puede acelerar la aparición de esos problemas.
También que este tipo de anuncios tiene un potencial especialmente dañino cuando dan a entender a los jóvenes ideas erróneas sobre el juego (que es fácil ganar y hacerse rico) y sobre todo cuando contrarrestan los esfuerzos por mantenerse alejados de la gente que ya tiene problemas con el juego o que los tuvo en el pasado.
Read more: Estudios universitarios sobre la relación entre publicidad y juego