El Ejecutivo insiste en que su voluntad es aumentar la protección del jugador mediante su inclusión en la adecuada regulación, frente la situación que existe en la actualidad, donde tal juego se ofrece en entornos no regulados. Y, dice, así se asegurará que ningún menor ni las personas autoexcluidas accedan al juego.
Un argumento que no es válido para Chóliz. "Cae fuera de toda lógica, porque si hay alguna variable que está relacionada con la adicción es la disponibilidad y obviamente resulta mucho más fácil saltarse la norma cuando determinados juegos están ampliamente disponibles que si están taxativamente prohibidos".
EL NUEVO PERFIL DEL LUDÓPATA
Juan José Lamas Alonso, de la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (Fejar), admite que el juego online ha cambiado el perfil del adicto. "Si hace 20 años estábamos hablando de un paciente de entre 35 y 45 años con un periodo de juego de entre 8 y 10 años y con un caudal de gasto bastante considerable, en estos momentos hablamos de un perfil de entre 18 y 25 años, con un periodo de 6 meses a dos años, y con relativamente poco gasto en juego", explica.
Asegura que la mayor parte de los jugadores de Internet son universitarios "que se creen que el póker va a ser su sistema de vida". "Como se lo venden como un deporte, como una competición para mentes inteligentes, se introducen ahí y acarrean en algunos casos una situación de patología y de tratamiento", resalta. Con todo, admite que la gran mayoría de los pacientes a los que tratan lo son por el juego convencional, dado que se calcula que únicamente el 10% del pastel del juego en España es online.
Lamas Alonso subraya, en cualquier caso, que son partidarios de regular todos los tipos de juegos para establecer un control de acceso. En ese sentido, destaca que lo importante son los matices de la regulación. Por ejemplo, reclama más control para las máquinas tragaperras convencionales y que, por ejemplo, tanto en ellas como en las de Internet se corte la conexión cuando el jugador lleve "un tiempo apostando" y dar "la posibilidad de un periodo de enfriamiento". "Que te avisen es una medida muy fácil de salvar. Lo eficaz no es eso", advierte.
Pau Cazorla, de la Asociación de Usuarios de Juego Online (Aujo), cree que también sería recomendable la creación de algún programa que detecte signos de ludopatía, como por ejemplo el creciente número de horas jugado o la cada vez mayor cantidad apostada "para poder avisar al usuario y tomar medidas de forma consensuada". "Además de destinar una dotación económica para programas de apoyo a personas que ya estén en esa situación", añade.
¿QUÉ PASARÁ CON LA RECAUDACIÓN?
Precisamente la recaudación económica que prevé obtener el Gobierno es otro de los aspectos más discutidos. Desde que se legalizó parte del juego online, los españoles se han dejado 8.165 millones de euros (principalmente en apuestas deportivas y póquer) que generaron 346 millones de ingresos netos a la Administración, según la Dirección General de Ordenación del Juego. Hacienda estima ahora que los españoles jugarían en torno a 814 millones de euros a las slot de Internet y a las apuestas cruzadas, que dejarían unos ingresos limpios en las arcas del Estado de unos 22,5 millones.
Laura Guillot, experta en la industria del juego, ocio y medios, cree que esos cálculos son "muy optimistas" porque las cifras en relación al juego digital se han hecho por lo general al alza cuando, advierte, hay muchos empresarios del sector que están pasando dificultades.
En su opinión, si las slots en Internet no se han regulado antes no ha sido por la protección a los jugadores con tendencias a la ludopatía, sino por "presiones" de, entro otros, el "lobby del juego presencial".
LA PUBLICIDAD EN LOS MEDIOS
Además, se muestra partidaria de que se regule la publicidad, pero no sólo de los juegos online. "También para la de la LAE, que parece que si te toca el premio te salva la vida. En Alemania, por ejemplo, nunca te cuentan películas de fantasía, de qué maravilla si te toca un premio. Yo regularía el juego público, el privado, el presencial y el digital. Y no autorregulación sólo".
Actualmente, la publicidad de los juegos por Internet se rige por una autorregulación que el Ministerio de Industria firmó con los principales operadores de televisión, anunciantes y empresas del sector de los juegos de azar. Así se comprometieron a no emitir anuncios en los bloques de programación destinados al público infantil y a emitirlos solo entre las 22.00 y las 6.00. Además, no se permite la utilización de menores en la publicidad ni que la comunicación comercial vaya dirigida a ellos.
En este sentido, Guillot ve un agravio comparativo entre el juego público y el privado. "Por ejemplo, los niños de San Ildefonso pueden cantar los números de la lotería y no en un un bingo. Que en el fondo es lo mismo: un juego numérico".
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El perfil del adicto es, principalmente, el de jóvenes con dificultades para empatizar con personas de su edad. El colectivo adolescente es el más susceptible a caer en este tipo de enganches porque son los que mayor contacto tienen con las redes sociales y con el manejo de dispositivos electrónicos. Calderón manifiesta que "esta adicción se produce cuando un chico o chica ve los chats y los sistemas de mensajería como el principal vehículo para relacionarse con sus semejantes". El experto sostiene que el principal problema no son las tecnologías en sí sino el mal uso que se hace de ellas.
Esta misma línea es la que sigue Dolores Muñoz, psicóloga y experta en género y síndrome de déficit, al apuntar que el mundo digital se ha incorporado a la vida diaria de las personas y no se concibe el día a día sin ellas. "Cuando su uso se normaliza, se corre el riesgo de que se pierda el control sobre determinadas señales de alarma como pueden ser las horas que dedican los adolescentes a estar conectados", afirma Muñoz.
La psicóloga manifiesta que la primera barrera que los expertos tienen que superar es la actitud con la que llegan los adolescentes a las terapias. "Los jóvenes que vienen a las sesiones niegan el problema y lo consideran una exageración paterna, de modo que justifican su comportamiento". Esta situación es incluso más grave, según la experta, porque los progenitores tampoco son conscientes del peligro hasta que el adolescente alcanza los límites de la agresividad o la depresión. "Los padres reconocen que sus hijos pasaban muchas horas delante de la pantalla del ordenador o utilizando el whatsapp pero no lo consideraban un inconveniente hasta que el chico o chica llegaba a padecer estrés, ansiedad o trastornos en el sueño", apunta la psicóloga.
La ansiedad, la ira, la irritabilidad o las alteraciones en el sueño son algunos de los síntomas que provoca el enganche a las nuevas tecnologías. Las sesiones terapéuticas en los centros especializados son los recursos más comunes para superar este tipo de dependencia. Mientras que la abstinencia es el objetivo en una adicción al alcohol o a las drogas, en este caso se da por hecho que el sujeto ha de convivir con internet o con el móvil. Por ello, se enseña a controlar el estímulo. "Tienen que aprender a desarrollarse independientemente del uso de dispositivos tecnológicos", apunta Muñoz. El primer paso es apartar completamente al adolescente de aquello que le genera dependencia para dárselo posteriormente, de forma gradual y controlando el número de horas que le dedica. Las familias también han de someterse a esta terapia porque ninguna adicción puede superarse sola. La media de duración del tratamiento es de 12 a 18 meses.
En estas jornadas se han abordado los riesgos a los que están expuestos los menores y se han ofrecido los recursos necesarios para detectar estos problemas e intentar solventarlos. El programa ha incluido además un encuentro de una veintena de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (Ampas) de la provincia de Málaga.
Como punto y final a este programa se han realizado 297 encuestas a padres y madres asistentes a estas sesiones formativas que han dado como resultado el presente estudio. La edad de los entrevistados se encontraba en la horquilla de los 42 a los 48 años. El promedio de edad de sus hijos es de entre 12 y 13 años.
Este estudio indica además que existe un alto grado de desconocimiento por parte de los padres de los usos que realizan los hijos de las NNTT y las redes sociales. Solo un 16 por ciento de los progenitores afirma que su descendencia utiliza redes sociales como Facebook o Twitter frente a las cifras "reales" que revelan que un 63 por ciento de los adolescentes de entre 13-14 años tiene un contacto continuado con las redes.
Por tanto, una asignatura "pendiente" es la de la comunicación tecnológica entre padres e hijos, según Alia2. El 38 por ciento de los progenitores la considera buena y un 34 por ciento cree que deben mejorarla.
Ante una posible detección de un problema de sus hijos en la Red, un 53 por ciento de los padres dice que optaría por dialogar o consolar a sus hijos y tan solo un 22 por ciento se plantea la búsqueda de ayuda externa.
Por último, los padres consideran que entre las diferentes páginas y aplicaciones es el Whatsapp el más utilizado seguido de YouTube y las redes sociales. El 52 por ciento de los progenitores que no tienen instalados controles parentales en los equipos tecnológicos dice además que supervisa el contenido al que acceden sus hijos en Internet, pero el 47 por ciento confiesa no hacerlo nunca o sólo en ocasiones.
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