Tal es así que la unidad de juego patológico del Hospital de Bellvitge ya distingue a los apostadores como una de las tres categorías patológicas, junto al tradicional jugador presencial y al del entorno ‘on line’, en sentido genérico. “El perfil del jugador compulsivo digital y el de apuestas 'on line' tienen en común ser hombres (95%), de entre 16 y 30 años, más estudios y mayor poder adquisitivo que el jugador tradicional; pero el apostador tiene un rasgo que lo hace único: un alto nivel de persistencia en la obtención de objetivos, lo que representa un gran riesgo en conductas desadaptativas”, explica la responsable de la unidad, la doctora Susana Jiménez.
CONTROL
Por su experiencia, Jiménez destaca que son personas que habitualmente tienden a justificarse por su gran afición por el universo deportivo, dado que “tienen la convicción de conocer bien a sus equipos favoritos y las disciplinas que les atraen”, pero la realidad es que acaban apostando “por conjuntos y deportes con los que nunca han tenido conexión”.

En ese punto “se añaden factores de riesgo” que complican las dinámicas compulsivas, como destaca Francesc Perendreu, presidente de la Asociación Centro Catalán de Adicciones Sociales (Acencas), y con tres décadas como terapeuta de ludopatías. “Llega un momento en el que la apuesta es contra uno mismo, algo que no sucede con las tragaperras y otros juegos en los que solo cuenta el azar; en las apuestas puedes demostrar que sabes mucho de un deporte, y es muy habitual que surjan fantasías de profesionalidad, de ganarse la vida así”, destaca Perendreu.
Tendencias que pueden llevar a la ruina a una persona en todos los sentidos y que se acrecientan en el medio digital. “Los pacientes del juego ‘on line’ revelan que las cantidades medias desembolsadas son considerablemente más altas que los del ámbito presencial; así, acumulan mucha más deuda y en menos tiempo”, destaca Jiménez.

Esa rapidez no solo se puede achacar al perfil patológico del jugador, puesto que las característica del entorno cibernético son determinantes. “El hecho de que se pueda apostar las 24 horas, desde cualquier dispositivo, la comodidad de hacerlo en cualquier parte, que se preserve el anonimato y la inmediatez, que permite incluso apostar durante el partido, le confieren un tremendo potencial”, destaca Raquel Dolado, psicóloga especialista en adicciones.
SENSIBILIZACIÓN
Para acabar de afilar ese potencial, los operadores cuentan con la capacidad de penetración de la publicidad, “que ha aumentado un 160% desde el 2011”, revela Jiménez, que denuncia que “aún no hay regulación específica” al respecto. “El impacto es mayor cuando la web de juego está ligada a la imagen de grandes estrellas deportivas, como Messi o Cristiano, ídolos de niños y jóvenes, reforzando la sensación de que las apuestas son una parte más del deporte", coincide Perendreu.

“Se reduce la percepción de que es una actividad con un potencial tan adictivo, sobre todo entre los chavales, que aún no tienen conformada la personalidad, ni la maduración, a todos los niveles, incluso el neurobiológico”, añade la psiquiatra. Perendreu alerta de que tal es la tentación que incluso hay menores que juegan ‘on line’, sirviéndose de algún adulto “que se lleva un 3-4% de comisión” por ceder su identidad. “También los juegos gratuitos, donde solo hay puntos y no dinero, son una puerta de entrada de futuros adictos”, dice el terapeuta.
El responsable de JDigital achaca el éxito a “la pasión con la que se vive el deporte en la cultura española”, y destaca que las apuestas son “una forma lúdica de disfrutarlo”, como pasaba con las quinielas, al tiempo que destaca que la normativa española de juego digital “es de las más avanzadas de Europa“. Michaud destaca las medidas adoptadas en el juego 'on line' para evitar conductas compulsivas: “Control de tiempo y dinero jugado, verificación de que la persona no está en el registro de autoexcluidos, e información constante sobre juego responsable”.
Replica Jiménez, que incide en la necesidad de una regulación efectiva de la publicidad del juego, así como de impulsar campañas de sensibilización de colectivos especialmente vulnerables: jóvenes y personas con problemas previos de adicción. Perendreu también hace hincapié en la necesidad de mucha pedagogía y lamenta que, a diferencia del alcohol y el tabaco, “que causan gastos públicos”, a la Administración “no le interesan las víctimas de una actividad por la que recaudan cuantiosos ingresos”.
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La mayoría de las personas que acuden a las asociación son padres que acompañan a sus hijos o que buscan información y una manera para “arrastrarlos”. Según Sánchez, los afectados suelen estar “ciegos” ante la adicción: “Muchos de los jóvenes no sienten que sea un problema, sobre todo los de dieciocho o diecinueve años, que han tenido suerte alguna vez y buscan repetir”. “Ellos no lo pueden controlar, nadie puede, y no son conscientes”, afirma.
La típica máquina “tragaperras” todavía ocupa un sitio en varios locales de Jaén. Sánchez resalta que “no han desaparecido” y que carecen de “control”. “Cualquiera se pone a jugar y nadie le dice nada, ni le pregunta si es mayor o menor de edad”.
Respecto a los datos que manejan desde la asociación, el número de personas “enganchadas” al juego “se mantiene”. Aun así, el perfil ha variado. El ingreso de los mayores de cuarenta y cinco años, “los más habituales”, está “paralizado”. “Hasta hace unos años el 60-70 por ciento de los que acudían a nosotros estaba comprendido entre cuarenta y cinco y sesenta y cinco años. Ahora, ese mismo porcentaje está comprendido hasta los veinticinco”.
Sánchez alerta sobre las nuevas tecnologías, que favorecen el acceso de los jóvenes y aumenta su adicción. “Antes, para jugar había que ir al bingo, a comprar lotería o a las máquinas “tragaperras”, empieza, y añade: “Hoy, sin embargo, se lleva encima continuamente con el móvil o en el ordenador”.
“Hemos entrado a los jóvenes un arma de doble filo con los ‘smartphones’, una ventana a internet”, cuenta el presidente de Alujer. Desde la asociación advierten que, aunque las nuevas generaciones estén más formados, todavía carecen de la “personalidad” o no se han desarrollado “del todo”. “En el fondo siguen siendo niños”. Asimismo resalta que no es necesario que tengan acceso a las tarjetas de crédito de sus padres, pues con las de recarga pueden continuar con la adicción “sin levantar sospechas”. Incluso existen aplicaciones que ocultan los juegos de azar en el aparato.
Al cambiar el paradigma, también ha cambiado la idea preconcebida del adicto. “Estos últimos años llega gente con poca experiencia en juegos pero totalmente derrotados”, afirma Sánchez. “Ahora, por el contrario, no hace falta tener haber vivido tanto tiempo con la enfermedad para acabar completamente vencido”.
LIMITACIÓN. Desde la asociación abogan por la limitación de la publicidad de los juegos de azar, sobre todo “quién las hace”. “No podemos permitir que gente tan renombrada como futbolistas o tenistas hagan este tipo de anuncios tan engañosos”, dice Sánchez, pues les “anima” a participar y les “incitan” al consumo con personas a las que admiran y respetan. “Al final esta enfermedad los destroza, porque no solamente afecta a quien la hace, sino a todo su entorno”, concluye Sánchez.