Una segunda razón es que Candy Crush es un juego de suerte, contrario a lo que se pueda pensar. Los colores aparecen de forma aleatoria y eso hace que el triunfo se vuelva inesperado. De hecho, el usuario pierde más veces de las que gana. Lejos de sacar las ganas de jugar, esto las refuerza. La estrategia es la misma que se usa en los slots de los casinos; la idea detrás es que si bien uno no puede predecir cuándo va a ganar, gana lo suficientemente seguido como para seguir jugando.
Según explicó a The Guardian el investigador en adicción a los juegos de la Universidad de Cambridge Steve Sharman, la impresión de que se tiene el control es vital para crear adicción. En el caso de Candy Crush, los elementos que ayudan a pasar de nivel (como un martillo-chupetín) lleva a pensar que se está afectando el resultado del juego.
Otro factor es cuánto tiempo se puede jugar en cada ocasión. El juego se bloquea por media hora luego de perder cinco veces, salvo que se compren vidas. La abstinencia hace que volver al juego sea más placentero, un efecto que científicos de Harvard y Columbia demostraron en un experimento con chocolate real: a quienes se les privó de la golosina por una semana, la disfrutaron más que aquellos que no la tenían prohibida.
Por último, el hecho de que el juego utilice dulces genera una asociación positiva en la mente, un detalle que, con toda seguridad, tampoco se le escapó a los autores del adictivo juego.
Y es que nunca antes fue tan fácil acceder al juego. Dinero fácil al alcance de un clic parece ser el eslogan que llevan por bandera la mayoría de casas de apuestas y de páginas webs que invitan a la sociedad a jugar. Miles de jóvenes se ven seducidos por la idea de vivir la adrenalina del momento a la vez que sacar dinero rápido. Resulta alarmante el número de jóvenes que cada vez se inician a edades más tempranas en el juego.
En España, el juego está permitido a mayores de 18 años. Sin embargo, menores de hasta 13 años participan de este mundo a través de internet suplantando la identidad de sus progenitores. Los lugares desde los que acceder al juego se han multiplicado y con ellos las posibilidades para apostar. Cualquier lugar y cualquier momento son buenos para apostar. Un móvil, una tablet o un portátil, todo es válido. Las apuestas deportivas no están mal vistas, todavía, en la sociedad. Es decir, estaría mal ver a un niño de 13 años echando dinero en las tragaperras, pero apostar en deporte es otra historia. Pero, al contrario del pensamiento general, este tipo de apuestas pueden ser tanto o más nocivas que los clásicos juegos de azar.
En la mayoría de los casos, se comienza apostando en fútbol, deporte rey por excelencia. Más tarde se sigue apostando al baloncesto o tenis y se termina apostando en deportes de los que se desconocen hasta las reglas. Se puede pensar que este tipo de apuestas equivalen a la tradicional quiniela, adaptada a los nuevos tiempos. Sin embargo, las apuestas deportivas online se sitúan en un lugar mucho más peligroso. En la histórica quiniela se apuesta '1 X 2' y a esperar. En una página de apuestas deportivas las posibilidades son ilimitadas: número de goles, número de saques de esquina, quién marcará el próximo gol... El mayor peligro se presenta al poder apostar minuto a minuto al partido. La adrenalina va en aumento y cada vez se hace más difícil ver un partido entre amigos sin apostar. El ser humano adora esa sensación, nada como el placer del riesgo, el límite. En este caso, menos es más: menos tiempo entre apuesta y premio implica más peligro para disparar la ludopatía.
Las apuestas deportivas comienzan, en la mayoría de los casos, como un juego. Una reunión de amigos para ver un partido, unas risas y apuestas que comienzan con la inversión de pequeñas cantidades de dinero. Juan Lamas, director técnico de la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR), detalla que "como en toda adicción, deja de ser un juego cuando se pierde el control sobre esa actividad". Se detectará que hay un problema, ya que habrá "un descalabro económico y empezarán las mentiras, las justificaciones y la pérdida de habilidades sociales y relaciones familiares como absentismo laboral, escolar y falta de responsabilidad, entre otras".
Al igual que el perfil del jugador, las razones por las que una persona se inicia en el juego también han cambiado. Si bien, antes se trataba de una forma de evasión y se asociaba en ocasiones con estados de ánimo proclives a la depresión, en la actualidad las apuestas deportivas se encuentran más asociadas a una nueva forma de entretenimiento. Aunque no se pueda hablar de causas o circunstancias concretas que hagan a una persona más vulnerable a convertirse en ludópata, existen algunos factores que influyen de una u otra manera, tal y como explica Juan Lamas: "En una sociedad que está potenciando el juego a todos los niveles, cualquier persona es proclive a la adicción. Los factores ambientales y sociológicos que tiene el juego van a propiciar que el 98% practique alguna actividad de juego y que, de ese 98%, haya un porcentaje relativamente significativo, entre el 1 y 2%, que viva una adicción".
Francisco Abad, presidente de la Federación Andaluza de Jugadores de Azar Rehabilitados (FAJER), contempla el "ganar dinero fácil" como uno de los factores que incitan al juego. Para Pilar García, psicóloga experta en ludopatía, se podría hablar de diversos factores a distintos niveles que intervienen en el proceso. El citado "fácil acceso a las nuevas tecnologías, así como la posibilidad de jugar sólo y de forma anónima desde tu casa", pero existen más factores individuales y socioambientales.
"Desde que se empieza a jugar hasta que se presenta un patrón patológico pasa un año aproximadamente", señala el director técnico de FEJAR. Asimismo, la psicóloga Pilar García apunta que "el 2,5% de los que utilizan el juego online acaban teniendo un problema que requiere tratamiento especializado".
Desde que en las apuestas deportivas y el juego online se regularizaran en 2012 el registro de nuevos jugadores por internet aumentó en apenas seis meses hasta sobrepasar el millón y medio. Igual que tomar una copa no convierte a alguien en alcohólico, no todo el que juega o apuesta es ludópata, ya que según Pilar García "el hecho de apostar y jugar no implica el desarrollo de una adicción futura". Sin embargo, la ludopatía es una enfermedad y, como tal, debe ser tratada. En España existen numerosas asociaciones que ofrecen rehabilitación a jugadores adictos. Además, el alarmante aumento de casos de ludopatía ha llevado, incluso, a muchos hospitales a abrir una consulta especial en su área de psicología para tratar este tipo de adicciones conocidas como 'no tóxicas'.
Aunque hay más formas de poner límite a este problema. Empezando por el propio jugador, que puede inscribirse en el Registro General de Interdicciones de Acceso al Juego. Se trata de una base de datos estatal en la que pueden alistarse quienes quieren que se les prohíba seguir jugando. Y es que como indica Pilar García, "el primer paso en el tratamiento es facilitar a la persona que acepte que tiene un problema adictivo". La adicción a las apuestas deportivas online han conseguido ganarle terreno a las tradicionales tragaperras y a los salones de juego. En estos momentos, suponen el segundo motivo de ludopatía, superado únicamente por las tradicionales máquinas de los bares y el bingo.
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Por ello, el Grupo Popular ha tramitado esta semana cinco preguntas parlamentarias para cuestionar el retraso en el pago de estas subvenciones e instar al Gobierno andaluz a su ejecución, según ha informado en un comunicado Oña. Al respecto, ha preguntado por qué no se han aprobado aún las bases reguladoras para sacar a concurso la convocatoria de las dos líneas de ayudas a las que estas asociaciones pueden acogerse —en materia de prevención de drogodependencias y adicciones y para programas de acción social—, lo que significa que "todo el trabajo desarrollado en los primeros siete meses del año ha sido sufragado con fondos propios". "DESIDIA" En esta línea, Oña ha lamentado que la "desidia" del Gobierno andaluz haga "peligrar" la rehabilitación de miles de andaluces; "un abandono que se suma al del resto de asociaciones y ONG, como es el caso del impago a guarderías, los incumplimientos con los planes de empleo, con las escuelas de hostelería o con la atención temprana", ha enumerado. La parlamentaria andaluza ha especificado que, actualmente, Fajer atiende a un total de 1.421 pacientes por adicciones al juego en la Comunidad andaluza, a los que se suman más de 900 familiares, mientras que Faar supera los 2.700 enfermos y los 2.000 allegados.
Además, se ha comprometido a denunciar desde el PP esta situación, que, como la de otras muchas asociaciones y entidades, "refleja la realidad de las políticas sociales que desarrolla el PSOE en Andalucía".
Por su parte, el presidente de Nuevas Generaciones de Málaga, Luis Verde, que también ha estado presente en la reunión con Amalajer, ha mostrado su preocupación por el aumento de las adicciones a los juegos online y las nuevas tecnologías, destacando la necesidad de reformar determinados aspectos de la normativa vigente para avanzar en la prevención de este tipo de hábitos.